viernes, 25 de febrero de 2011

CRÓNICA DE LA AÑORANZA

XXX
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Majestad, yo vivo para amarla;
usted para anexionar, unificar
y cristianizar a más gente.

Ambos abusan del poder,
mi señora, el rey por sus ansias
de mando y expansión.
Y vos, además, por su fe,
no se da cuenta de que convierte
en asunto de estado
lo que es un asunto privado.
El amor es generosidad
igual que la piedad,
no juzga ni discrimina
a los demás.

Me salió de corrido
este leve discursillo.
Me miró y bajamos
la cabeza las dos.

Yo, el Acemilero
(Trascrito por M. Godúver)

1 comentario:

viky frias dijo...

Consigna general:
salvar a los individuos
en contra de su voluntad,
se prefiere verlos muertos
que perdidos para el cielo.
En esto la iglesia es especial,
por redimir pecadores
tortura y mata sin piedad;
no hay que fiarse de esos amores,
“amores que matan” son
los que predica la religión.
Es atrevida la acemilera,
habla claro con la reina
y le dice lo que piensa.
Y aunque no aprueba
guerras ni bandos,
ella le es fiel, la sigue amando.