XX
Camino desde el alcázar
hasta la plaza del azoguejo
veo el acueducto
y luego me vuelvo.
Me gusta contemplarlo de cerca
porque me hace soñar
con distintas etapas de la historia,
con otras gentes que anduvieron
por estos parajes.
Las ciudades conservan
las huellas de otros pueblos
y nos hablan del paso del tiempo.
Mientras me aproximo
suelo mirar al cielo:
dirijo la vista justo encima
de los arcos del monumento.
Por la mañana sale el sol
radiante con todo su esplendor
y me sobrecoge el amanecer
cuando llego a la hora precisa.
Algunas noches aparece
la luna y me encandila
con su blanca luz
y ese misterio que me llega
directamente al corazón.
Entonces pienso que,
aunque no la veo,
nos envuelve esta capa
celestial y nos acoge
el mismo techo.
Yo, el acemilero
(Trascrito por M. Godúver)
1 comentario:
Estar bajo la misma luna
es el consuelo de las amantes.
El blanco satélite celestial
no se inmiscuye en reyertas terrenales:
que si el marido se interpone,
que si las reinas no debieran…
Desde la órbita lunar
todo parece más natural.
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