XXIV
Varios sucesos consecutivos
rápidos y decisivos
aceleran el proceso,
el afán de mi señora
por gobernar estas tierras
no tiene parangón.
Enrique ha enfermado
y se ha marchado al Pardo,
no le sienta bien el cambio
y acaba como finado.
Se celebran las exequias pertinentes,
el difunto es enterrado
con poco cortejo
y apenas luto.
Con el sambenito
del Impotente
será recordado.
Isabel es proclamada
en Segovia reina
propietaria de Castilla,
le critican lo de la espada,
pero ha actuado con tal desparpajo
que ni el mismo Fernando
se hubiera atrevido a tanto.
Aquella mi infantita Isabel
se ha hecho con el poder.
¿Y la princesa Juana,
la llamada Beltraneja?
recluida en un convento
se pasará los restos:
los muchos años que le quedan
y seguirá firmando como reina.
Tocaba una sucesión de féminas,
que entramos en la edad moderna,
aunque en la época medieval
en Castilla se avanzó algo más.
No hablo de Aragón,
allí solo puede ser rey un varón.
Yo, el acemilero
(Trascrito por M. Godúver)
Varios sucesos consecutivos
rápidos y decisivos
aceleran el proceso,
el afán de mi señora
por gobernar estas tierras
no tiene parangón.
Enrique ha enfermado
y se ha marchado al Pardo,
no le sienta bien el cambio
y acaba como finado.
Se celebran las exequias pertinentes,
el difunto es enterrado
con poco cortejo
y apenas luto.
Con el sambenito
del Impotente
será recordado.
Isabel es proclamada
en Segovia reina
propietaria de Castilla,
le critican lo de la espada,
pero ha actuado con tal desparpajo
que ni el mismo Fernando
se hubiera atrevido a tanto.
Aquella mi infantita Isabel
se ha hecho con el poder.
¿Y la princesa Juana,
la llamada Beltraneja?
recluida en un convento
se pasará los restos:
los muchos años que le quedan
y seguirá firmando como reina.
Tocaba una sucesión de féminas,
que entramos en la edad moderna,
aunque en la época medieval
en Castilla se avanzó algo más.
No hablo de Aragón,
allí solo puede ser rey un varón.
Yo, el acemilero
(Trascrito por M. Godúver)
1 comentario:
Ser “católica” en la época
facilitaba las cosas:
hay que salvar a los otros
de los deseos de poder,
no dejar que se condenen
e incluso pierdan la fe;
por eso la Beltraneja
va a espiar en un convento
pecados propios y ajenos,
mientras que la católica
asegura la corona.
Y a la muerte de su hermano
qué buena ocasión perdida
de cumplir lo del refrán:
“el muerto al hoyo y el vivo al bollo”,
pero Isabel no es tan viva,
se conforma con Fernando.
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