lunes, 27 de diciembre de 2010

CRÓNICA DE LA AÑORANZA

VIII

Se ha levantado temprano,
le tenía preparado el caballo,
me ha rogado que la acompañara
y que me mantuviera a distancia.
La he visto trotar sin parar
y luego, en calma, dejar caer
la cabeza y torso a lo largo
del cuello del animal…
seguir a paso lento
durante largo tiempo.
Después se ha girado
haciéndome una señal
de acercamiento; acudí presto.
Me ha mirado de soslayo
con ojos de lágrimas contenidas,
se me partía el corazón
y no pude darle un abrazo
con ternura y compunción.
Persona que está llamada
a misión tan alta
tendrá que acabar rápido
el duelo y seguir adelante
aunque muera su hermano
al que quería tanto.



Yo, el acemilero
(Trascrito por M. Godúver)

1 comentario:

viky frias dijo...

Los animales entienden la tristeza;
no hablan, como es habitual,
pero se dejan acariciar.
Las crines de un caballo amado
son el mejor pañuelo
en un momento de duelo.