miércoles, 15 de diciembre de 2010

CRÓNICA DE LA AÑORANZA

III

-¿Cuál es tu nombre? -Estas fueron las últimas palabras que me dirigió.

La historia comienza cuando empecé a servir a mi reina. Me presentaron al acemilero para poder dedicarme al cuidado de las bestias de carga, menos mal que consideró que podía confiar en mí y desde aquel día estuve cerca de mi señora. Todo lo que se requería para el trabajo que tenía que desempeñar lo había practicado con sumo cuidado para ser admitida y pasar a formar parte de los acemileros, comencé a trabajar en Arévalo, en el año 1458, hace casi medio siglo.
Cuando alguien pronuncia el nombre de mi oficio sé que se dirigen a mí. Me suelen buscar para que les lleve algo, les resuelva cualquier asunto, interrumpen mis sueños y me ponen a trabajar. Otras veces, como mi cuerpo está enflaquecido por las caminatas a las que es sometido y mi estatura es más bien baja, me llaman pequeño. Eh, tú, pequeño, -así me llaman a mí.

1 comentario:

viky frias dijo...

El nombre. No es posible saber cómo se llama este acemilero con el que me identifico yo, y tú, y tantos otros y otras. Este personajillo, que a la vez es mujer y hombre, que trabaja duro y está al servicio de su sueño –su reina.