domingo, 2 de enero de 2011

CRÓNICA DE LA AÑORANZA

IX

La muerte de su hermano
la dejó sin fuerzas
para continuar
en las luchas intestinas
de las gentes de Castilla.
Se fue a un convento
para paliar el sufrimiento,
pero parte de la nobleza
y algunos de la iglesia
no la dejaban en paz
porque confiaban
en que podía ser reina
y la fueron a rescatar.
Mientras viva
Enrique -respondió
ella-, no habrá nada
de qué hablar
en lo tocante a gobernar.


Yo, el acemilero

(Trascrito por M. Godúver)

1 comentario:

viky frias dijo...

Isabel quiso ser fiel a su hermano,
que gozaba del poder muy ufano.
¿Habría sido Enrique tan respetuoso
de ser ella la reina
y él el pretendiente al trono?
¿Se habría retirado a un convento a llorar,
o a soliviantar a los de dentro?
Estas son preguntas que la historia
no responderá por el momento.