II
Acabo de acariciar
la cabellera del caballo
que monta mi señora,
se ha impregnado de su aroma.
Acabo de acariciar
la cabellera del caballo
que monta mi señora,
se ha impregnado de su aroma.
Ayer salió a dar un paseo
y me pidió que la acompañara,
se me salía el corazón
de la caja torácica.
Al bajar le presté ayuda,
mis manos fueron a parar
a su graciosa y sutil cintura.
Nos cruzamos las miradas,
la suya permanece recordada.
Se dirigía a mí con cortesía
y le respondía con la mía.
Deseaba abrazarla y decirle
que la quiero, pero todo quedó
en un vano y añorado anhelo.
Yo, el acemilero
(Trascrito por M. Godúver)
1 comentario:
Hermosa escena:
la cabellera del caballo,
la realeza de la reina,
el amor de la acemilera
y el aroma que todo lo impregna.
No debía ser difícil seguir el rastro amado
cuando escaseaban las bañeras.
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