martes, 14 de diciembre de 2010

CRÓNICA DE LA AÑORANZA

II


Acabo de acariciar
la cabellera del caballo
que monta mi señora,
se ha impregnado de su aroma.

Ayer salió a dar un paseo
y me pidió que la acompañara,
se me salía el corazón
de la caja torácica.
Al bajar le presté ayuda,
mis manos fueron a parar
a su graciosa y sutil cintura.
Nos cruzamos las miradas,
la suya permanece recordada.

Se dirigía a mí con cortesía
y le respondía con la mía.
Deseaba abrazarla y decirle
que la quiero, pero todo quedó
en un vano y añorado anhelo.



Yo, el acemilero

(Trascrito por M. Godúver)

1 comentario:

viky frias dijo...

Hermosa escena:
la cabellera del caballo,
la realeza de la reina,
el amor de la acemilera
y el aroma que todo lo impregna.
No debía ser difícil seguir el rastro amado
cuando escaseaban las bañeras.