I
Gracias a mi madre,
que se ocupaba
de los fogones
al servicio de la corte,
he tenido la gran suerte
de cuidar a mi reina.
Desde que la conocí
quedé absorta por ella
y paso los días
en dichosa espera
por estar a su lado
cuando ella quiera.
No se me permitió
ser una dama
de su séquito
por ser mi condición
social inferior,
con lo cual, pensamos
mi madre y yo
que podría
por un mozalbete
hacerme pasar,
y así fue,
mis ropas de mujer
en las de varón troqué.
Una vez que hombre
parecí se me presentó
al acemilero mayor
y, desde el momento
en el que él me vio,
se decidió:
pasé a servir a mi señora
para cuidar a los caballos
y a las acémilas.
Yo, el acemilero
(Trascrito por M. Godúver)
Gracias a mi madre,
que se ocupaba
de los fogones
al servicio de la corte,
he tenido la gran suerte
de cuidar a mi reina.
Desde que la conocí
quedé absorta por ella
y paso los días
en dichosa espera
por estar a su lado
cuando ella quiera.
No se me permitió
ser una dama
de su séquito
por ser mi condición
social inferior,
con lo cual, pensamos
mi madre y yo
que podría
por un mozalbete
hacerme pasar,
y así fue,
mis ropas de mujer
en las de varón troqué.
Una vez que hombre
parecí se me presentó
al acemilero mayor
y, desde el momento
en el que él me vio,
se decidió:
pasé a servir a mi señora
para cuidar a los caballos
y a las acémilas.
Yo, el acemilero
(Trascrito por M. Godúver)
1 comentario:
Así muchas de nosotras,
con pesar profundo,
en lugar de servir a la reina
servimos a las acémilas;
pero es que en el mundo
hay muchas más acémilas
que verdaderas reinas.
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