sábado, 26 de marzo de 2011

CRÓNICA DE LA AÑORANZA

XL

Estoy unos días por Arévalo
su madre se nos va al cielo,
la hija no está por aquí
porque tiene otros asuntos
a los que acudir:
acompaña a Juana,
nuestra infantita se marcha.

¡Han pasado tantos años
desde que nos conocimos
en estos parajes tan lindos!
Yo sigo unida a ella
siempre será mi reina,
espero noche y día
por si pudiera verla…
años y años de espera.
Quedábamos algunas veces
porque ella no podía siempre,
solíamos montar a caballo,
nos acercábamos al río
para mirar a los pececillos
y enlazar nuestras manos,
fue todo lo que nos permitimos.

Vuelvo a Segovia de nuevo
en busca de consuelo,
mis amigas Inés y Elvira
me contagian su alegría.
Mi señora viaja y viaja
y yo espero sin esperanza.
¡He sentido mucha pena
al ver a su madre muerta!


Yo, el acemilero
(Trascrito por M. Godúver)

1 comentario:

viky frias dijo...

Qué cosas tiene el poder
que no valen
ni la muerte de la madre
ni suspiros de la amante.
Si para ganar un reino
es preciso endurecer
corazón y sentimientos,
¡pobre la reina Isabel!