XVI
Hoy he visto a mis amigas, es un placer poder pasar unas horas con ellas, me ponen al día de todo lo ocurrido por aquí y por allá, no sé de donde les llega tanta información. En los fogones se condimentan algo más que alimentos -me dicen.
Me gusta pasarme de vez en cuando por allí, necesito sentirlas cerca, recibir el calor humano que ellas me saben dar, yo me brindo a todo lo que pueda hacer por ellas y el cariño entre nosotras es patente. Cuando me aproximo a la cocina algunas veces oigo una voz que les avisa: Inés, Elvira, llega el acemilero. Me acerco a ellas para abrazarlas, saludo a las demás y me incorporo al trabajo que tengan entre manos.
El contacto humano, las conversaciones al calor de la lumbre, las miradas que nos dirigimos y las risas que compartimos llenan en parte mi vida.
Me han puesto al corriente de todos los problemas que ha provocado el matrimonio de mi reina con Fernando, de las divisiones entre los partidarios de uno u otro bando en la lucha por el poder. Me hablan de Carrillo, de Pacheco, de los Mendoza o de los Álvarez de Toledo...
Y, cómo no, de los amoríos de la reina Juana, la esposa de Enrique.
Mientras los de arriba luchan por conseguir más poder se van quedando las arcas vacías, suben los impuestos y todo recae sobre el pueblo. Sociedad de más caballeros y menos pecheros no trae nada bueno. Estos años de luchas fratricidas dejan mermadas las tierras castellanas. Y no hablemos de las de su primo el de Aragón, que llevan años de guerras en el interior y en el exterior.
Acabo de leer unos versos de Petrarca a Laura y me identifico con el poeta en lo que yo siento por mi reina.
Hoy he visto a mis amigas, es un placer poder pasar unas horas con ellas, me ponen al día de todo lo ocurrido por aquí y por allá, no sé de donde les llega tanta información. En los fogones se condimentan algo más que alimentos -me dicen.
Me gusta pasarme de vez en cuando por allí, necesito sentirlas cerca, recibir el calor humano que ellas me saben dar, yo me brindo a todo lo que pueda hacer por ellas y el cariño entre nosotras es patente. Cuando me aproximo a la cocina algunas veces oigo una voz que les avisa: Inés, Elvira, llega el acemilero. Me acerco a ellas para abrazarlas, saludo a las demás y me incorporo al trabajo que tengan entre manos.
El contacto humano, las conversaciones al calor de la lumbre, las miradas que nos dirigimos y las risas que compartimos llenan en parte mi vida.
Me han puesto al corriente de todos los problemas que ha provocado el matrimonio de mi reina con Fernando, de las divisiones entre los partidarios de uno u otro bando en la lucha por el poder. Me hablan de Carrillo, de Pacheco, de los Mendoza o de los Álvarez de Toledo...
Y, cómo no, de los amoríos de la reina Juana, la esposa de Enrique.
Mientras los de arriba luchan por conseguir más poder se van quedando las arcas vacías, suben los impuestos y todo recae sobre el pueblo. Sociedad de más caballeros y menos pecheros no trae nada bueno. Estos años de luchas fratricidas dejan mermadas las tierras castellanas. Y no hablemos de las de su primo el de Aragón, que llevan años de guerras en el interior y en el exterior.
Acabo de leer unos versos de Petrarca a Laura y me identifico con el poeta en lo que yo siento por mi reina.