XLV
Aquí, en las tierras
de Castilla,
se agolpan la infancia
y el ocaso de mi vida.
Una vez más montaré
a caballo
para llegar rápido
al lugar donde un día
me invitó a seguirla.
Hoy voy para allá,
espero encontrarla
y no separarnos más.
Llegaré al río
de nuestro Arévalo
de niñas, me sumergiré
en las aguas después
de quitarme la máscara.
La historia de mi vida
la sepultaré en Medina,
allí donde nos vimos
por última vez
y me preguntó:
¿Cuál es tu nombre?
¿Sospecharía en algún
momento que ocultaba
mi cuerpo
para que se confundiera
mi género?
El nombre es Mencía,
así me llamaba mi madre
cuando me arrullaba
mientras me dormía.
Yo, el acemilero
(Trascrito por M. Godúver)
1 comentario:
Mencía, doña Mencía,
bien lo tenía guardado
para que no se supiera
que era mujer, la acemilera.
Y como no existían
oficios para las damas
ni se les permitía
amar a quienes querían,
¡cuántas mujeres ocultas
con ropajes de varones
habrá habido en el pasado!
Porque hay veces que la historia,
también tiene cosas buenas,
y es raro que los varones
sean siempre artífices de ellas.
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