XLIII
La muerte de Inés nos ha sumido en la tristeza a Elvira y a mí. La cuidamos en sus días postreros, procuramos bajar la fiebre con todos los medios a nuestro alcance, pero fue inútil. He pasado unos días cerca de Elvira porque las dos sentimos mucho la pérdida, nos consolamos en silencio. He ido perdiendo a los seres más queridos. Primero mi madre, a la que he echado de menos todo el tiempo. Después murió Pedro, el acemilero, fuera mi padre o no me trató como un buen progenitor. Asistí a la muerte de la madre de mi reina, lo sentí muchísimo, de alguna manera ella era el vínculo con mi señora. Más tarde tuve noticias de que murió Juan, Isabel y Miguel, mi reina perdió a sus seres queridos y en los que pensaba como herederos. Lo lamenté tanto por ella. La muerte de Inés me ha dejado triste por un doble motivo: el no poder verla y el comprobar lo desolada que está Elvira. La guadaña se va llevando a los más allegados y te vas acostumbrando a unas y otras ausencias.
1 comentario:
La vida humana se compone de pérdidas. Venimos con las alforjas repletas y en los primeros años las vamos llenando de proyectos, de paisajes, de amigos… pero pronto empieza a desmoronarse nuestro mundo hasta acabar despojados de todo.
Aunque no es exactamente así, hay un continuo ir y venir: nuevos proyectos, nuevos paisajes, nuevos amigos se nos van incorporando a lo largo de la vida mientras los otros se van.
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