lunes, 4 de abril de 2011

CRÓNICA DE LA AÑORANZA

XLIV

Se ha cebado la tragedia

con mi reina,

la enfermedad se ha apoderado

de ella y está muy mal.

En estos momentos tan críticos

no la puedo cuidar

como yo quisiera.

Observo su última escena

redactando testamentos

para dejarlo todo dispuesto.

Mi reina se va muriendo

y yo inmóvil gimiendo

cual animal herido

junto a las murallas del castillo.


No puedo acercarme a velarla,

no estaré en su último aliento.

No estrecharé su mano

para demostrarle cuánto la quiero,

no se me permitirá cerrar sus ojos

y vestirla en su día postrero.

Se va y yo me quedo,

se acaba mi ilusión,

para mí no hay consuelo.


Yo, el acemilero

(Trascrito por M. Godúver)

1 comentario:

viky frias dijo...

¡Pobre acemilera!,
conmueve el corazón
ver su tristeza.
La reina se muere
sin gustar del amor que despierta.
Isabel ha dominado el mundo
y al mismo tiempo ha conquistado
el amor de algunos súbditos.
Corona, honores, gloria,
todo se queda aquí.
No entrarán en la historia
las caricias que no ha proporcionado
ni la ternura de la que se ha privado.