
Llegó en un atardecer
y vibró cada poro de mi ser.
Galopé a lomos del viento
por praderas inmensas
en un mar de deseos.
Subí a los cielos
y conocí el infierno
en instantes efímeros
y a la vez eternos.
M. Godúver
y vibró cada poro de mi ser.
Galopé a lomos del viento
por praderas inmensas
en un mar de deseos.
Subí a los cielos
y conocí el infierno
en instantes efímeros
y a la vez eternos.
M. Godúver
1 comentario:
Hermosa imagen: el mar,
un caballo blanco
y la luna, que no podía faltar.
Cielo e infierno el amor,
siempre tan contradictorio,
llega ligero en el viento,
nos da a probar su dulzor
y después, se va.
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