
Ella, mientras zurce unos calcetines,
se acuerda de otro tiempo.
La familia se reunía
en torno a una mesa camilla,
lo pequeño que era aquello
y lo bien que se entendían.
La madre cosía por las noches
y tejía los jerséis de lana
de dos colores.
Se trenzaba una hebra con dos
hebras diferentes, una lozana
y la otra marchita de un jersey usado,
la nueva estiraba a la vieja
para que se pudiera hilar.
Los más pequeños ayudaban
a conseguir estas madejas.
En torno a la mesa familiar
se reunían para todo tipo
de quehaceres:
una hermana planchaba,
la otra bordaba;
ella, cuando no cosía estudiaba.
Cursaba el bachiller
y las traducciones de latín y griego,
algunas veces, las preparaba junto a ellos.
Un ovillo, igual que aquellos,
de dos colores,
no lo ha vuelto a ver,
pero ha conseguido
bajarse una foto parecida de Internet,
lo ha ilustrado con uno muy colorido,
pero no es lo mismo.
M. Godúver
1 comentario:
Infancia feliz, en el recuerdo
perdura lo más tierno,
junto a un regusto de pobreza
que era habitual en esa época.
Hoy que tenemos tantos objetos
y tan poco tiempo
aquellos días de la infancia
nos parecen de cuento.
Un ovillo de lana
venía a representar
tardes y tardes de costura
al amor del brasero.
La madre tejía e hilaba
jerseys y trama familiar,
y todos podían participar,
hasta los más pequeños.
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