viernes, 16 de diciembre de 2011

NAVIDADES III


Ella, mientras zurce unos calcetines,

se acuerda de otro tiempo.

La familia se reunía

en torno a una mesa camilla,

lo pequeño que era aquello

y lo bien que se entendían.

La madre cosía por las noches

y tejía los jerséis de lana

de dos colores.

Se trenzaba una hebra con dos

hebras diferentes, una lozana

y la otra marchita de un jersey usado,

la nueva estiraba a la vieja

para que se pudiera hilar.

Los más pequeños ayudaban

a conseguir estas madejas.

En torno a la mesa familiar

se reunían para todo tipo

de quehaceres:

una hermana planchaba,

la otra bordaba;

ella, cuando no cosía estudiaba.

Cursaba el bachiller

y las traducciones de latín y griego,

algunas veces, las preparaba junto a ellos.

Un ovillo, igual que aquellos,

de dos colores,

no lo ha vuelto a ver,

pero ha conseguido

bajarse una foto parecida de Internet,

lo ha ilustrado con uno muy colorido,

pero no es lo mismo.

M. Godúver


1 comentario:

viky frias dijo...

Infancia feliz, en el recuerdo
perdura lo más tierno,
junto a un regusto de pobreza
que era habitual en esa época.
Hoy que tenemos tantos objetos
y tan poco tiempo
aquellos días de la infancia
nos parecen de cuento.
Un ovillo de lana
venía a representar
tardes y tardes de costura
al amor del brasero.
La madre tejía e hilaba
jerseys y trama familiar,
y todos podían participar,
hasta los más pequeños.