martes, 14 de febrero de 2012

DORMIR PARA SOÑAR




Todos los días tenía que trabajar

para vivir, acababa tan agotada

que sin comer se metía en la cama.

Se levantaba muy temprano

para acudir al gran mercado

y comprar los productos perecederos

que despacharía en su comercio,

algunas veces no la visitaban

muchos clientes

y se veía obligada a tirarlos.

Un día tuvo un sueño:

al final del día bajaba los precios

y repartía a las vecinas

más pobres todo lo que no vendía.

A la mañana siguiente,

al subir el cierre del establecimiento,

sonrió al ver las frutas podridas

porque a partir de ahora

no se le estropearían.

Después pensó: todo es pasajero.


M. Godúver


1 comentario:

viky frias dijo...

Pues sí, los bienes son pasajeros,
¿para qué tanto guardar
si todo se acaba pudriendo?
Mejor sería conservar
solo lo necesario
y dar a manos llenas
lo que no necesitamos.
En el mundo digital
se cumple el milagro:
se da y siempre se tiene,
lo que se comparte
no se pierde.