
La luna brilla tras la copa
de uno de los árboles.
Sentada junto a una amiga
recuerda el ir y venir de viajes,
la fatiga de los equipajes:
el hacer y deshacer maletas.
Estar aquí y allí porque
en ningún sitio se centra.
Se baja de un tren que marcha
a toda velocidad,
sin rumbo fijo, sin lugar preciso.
De pronto siente el momento
presente y se detiene
a respirar hondo, a disfrutar
de cada rincón del paisaje,
del olor a hierba fresca,
de la tenue brisa del aire.
Un manto de serenidad
la cubre, la envuelve.
Mira adelante y no se detiene.
M. Godúver
de uno de los árboles.
Sentada junto a una amiga
recuerda el ir y venir de viajes,
la fatiga de los equipajes:
el hacer y deshacer maletas.
Estar aquí y allí porque
en ningún sitio se centra.
Se baja de un tren que marcha
a toda velocidad,
sin rumbo fijo, sin lugar preciso.
De pronto siente el momento
presente y se detiene
a respirar hondo, a disfrutar
de cada rincón del paisaje,
del olor a hierba fresca,
de la tenue brisa del aire.
Un manto de serenidad
la cubre, la envuelve.
Mira adelante y no se detiene.
M. Godúver
1 comentario:
Para viajera, la luna:
cada día da la vuelta
y no se para
aunque la noche sea oscura,
ella alumbra.
Lo que no tiene la luna
es amiga declarada;
siempre sola, gira y gira
por su órbita marcada.
Y continúa sin pareja.
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