
Las calles se alargan
en sombras quebradas
de transeúntes sin casa:
los sin techo y sus cartones
se cobijan para pasar la noche
y las entidades bancarias
alojan junto a sus cajeros
a algunos de esos señores
que no generan dinero.
Una señora llega al jardín
de una fundación conocida
para proporcionales comida
a unos mininos hambrientos,
puede que se sienta feliz;
me recuerda a la Zambrano
que adoptó algunos gatos
y luego se fue al campo.
Mañana por la mañana, de nuevo,
un barrio con sus grandes ejecutivos
y unos colegios con muchos niños.
M. Godúver
2 comentarios:
El problema de los sin papeles
es que ocupan mucho sitio,
se ven por todas partes,
y eso afea las ciudades.
Deberíamos reducir a los mendigos,
hacerlos de tamaño pequeño, para llevar en el bolsillo.
De esa forma privatizaríamos la mendicidad
y tendríamos los bolsillos llenos de algo
ahora que van desapareciendo los euros.
El problema de los sin papeles
es que ocupan mucho sitio,
se ven por todas partes,
y eso afea las ciudades.
Deberíamos reducir a los mendigos,
hacerlos de tamaño pequeño, para llevar en el bolsillo.
De esa forma privatizaríamos la mendicidad
y tendríamos los bolsillos llenos de algo
ahora que van desapareciendo los euros.
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